13.6.07

Imparables después del 4 a 3

El Newell’s del Loco Bielsa llegó de la gira y se aprestaba a empezar el campeonato. Se incorporó al Negro Julio Zamora, que retornaba al club luego de tres años de ausencia, y a Ariel Boldrini, un nueve que venía de Platense.

Carlos Altieri era uno de los colaboradores más estrechos del entrenador, quien le encomendó poner en condiciones el predio del Liceo Aeronáutico de Funes, donde concentraría todo el plantel. “Fue una elección fundamental. Era un lugar austero. A mí me dijeron: ‘Tenés diez días para armar esto’. Al principio, no había nada, pero fui llevando algunos entretenimientos. Le pusimos video, llevé pool. Todo se hizo con mucho cariño. Me acuerdo que, después que Marcelo se fue a México, cada vez que venía al país, íbamos al Liceo, dábamos vueltas y recordábamos aquellos años”.

El 19 de agosto de 1990 llegó la hora de la verdad. Recibíamos a Platense. El equipo era un torbellino, pero no la podía meter. Tuvo que aparecer la serenidad de Martino para tomar un rechazo de la defensa visitante y empujarla al gol desde afuera del área. Ya se coreaba: “vení vení, cantá conmigo que un amigo vas a encontrar...” Pero siguió un empate en cero de visitante ante Argentinos Juniors y una inesperada derrota de local (2 a 1) ante Huracán.

La semana siguiente, Newell’s a Santa Fe y faltando dos minutos, definió el partido. Taffarel a los 88 y Fullana a los 90 le dieron el triunfo.

Cuatro fechas después llegaba el clásico en Arroyito. La lepra venía de perder 1 a 0 frente a River, y el local estaba puntero. “Mientras yo viva no voy a olvidar la concentración en Funes para el primer clásico. Había ansiedad, pero mucha seguridad. No cabía la posibilidad de perderlo”, dice Gamboa. El partido se iba a jugar el domingo 7 de octubre, pero – señala el Negro- “el sábado se cayó el cielo y se suspendió para el lunes, la espera se hizo larguísima, ahí fue la anécdota del dedo con Bielsa”

El número dos cuenta: “Era domingo después de la siesta, yo estaba en el pasillo, jugando con un packman y se me acercó Bielsa. Me miró y me preguntó si tenía ganas de jugar, si estaba ansioso porque llegara el momento. Yo, a todo esto, seguía jugando, hasta que de pronto me dice: ‘Pará, mirame, te estoy hablando’. Dejé de jugar y le contesté: ‘Tranquilo, profe, ¿qué pasa?’. Me vuelve a mirar fijamente y se despacha con la pregunta qué daría por ganar este clásico. Yo respondí: ‘Todo, absolutamente todo, soy capaz de trabar con la cabeza’. No le satisfizo la respuesta y me dijo: ‘Más, hay que dar más’. Yo le pregunté: ‘¿Algo más? ¿Le parece poco?’. Fue entonces, que me mostró la mano y me largó eso de ‘si me aseguran ganar, me dejo cortar este dedo’.

Ahí yo le hice una broma y él me replicó que no lo entendería, y se fue. Creo que, por mi forma de ser, él sabía que yo lo entendía, pero por si le quedó alguna duda le digo, hoy (10-09-03), que lo entendí a la perfección”.

Altieri habla de los minutos previos al clásico: “Cuando ví cómo hacían el calentamiento previo los muchachos, me convencí de que íbamos a ganar. Estaban en un grado de máxima excitación. Parecía que se trataba de la final del mundo”.

Y así fue, Gamboa se arrojó de palomita y puso el 1 a 0. “No me alcanzarían todas las palabras del diccionario para reflejar la sensación que tuve cuando metí el gol: fue mágico, único, inolvidable. Después, aumentó Zamora con un tiro por encima de la cabeza de Lanari y se fue a bailar al banderín del córner. Descontaron de tiro libre. En el segundo tiempo, un contragolpe fulminante de Boldrini terminó en gol de Rufini: 3 a 1. nuevo descuento de tiro libre. Sobre el final, el Torpedo Sáez agarra adelantado al arquero y pone el 4 a 2. Bava, el referí, inventó un penal que puso el 4 a 3 definitivo. “El resultado fue mentiroso. Los aplastamos”, recuerda Altieri.

Después del clásico Newell’s fue una tromba, aunque no se podía despegar. Llegó a la última fecha con un punto de ventaja sobre River, que recibía a Vélez. La Lepra visitaba a San Lorenzo en Caballito.

“Estábamos tan cerca. Me parece que recién ahí nos dimos cuenta de que íbamos a salir campeones”, dice Altieri.

-¿Qué, Marcelo nunca lo imaginó?

-Sí, lo hablábamos todo el tiempo. Decíamos: ‘mirá, cuando salgamos campeón...’, pero era una ilusión de tipos que teníamos treinta y pico de años y éramos fanáticos de Newell’s”