12.3.07

El adicto


Desde chico le apasiona la lectura. "Mi hermano y yo teníamos que hacer méritos para que nos dejaran ver las revistas. Nos criaron con la permanente meta de la realización personal", decía en sus comienzos como DT. Por e chico le encantó el fútbol y se escapaba de la casa para jugar a la pelota. Su padre cuenta cómo hoy, más fana que nunca, el DT mira videos y labura de noche.


Este Bielsa es igual a aquél. La esencia se mantiene. Su adicción es la misma: el fútbol. Y su obsesión, procesar la realidad, buscarle una explicación a cada situación. Así es hoy, así fue siempre. De chico vivía a cinco cuadras del Parque Independencia. "Ignomiriello" (un reconocido técnico), le decía su hermano, por la pasión por la táctica. Para las criadas era el Niño Marcelo. Por entonces, su padre le soñaba un futuro como profesional brillante. Pero él tenía su vocación: jugaba a la pelota más horas de las que dormía.


De Rafael Bielsa, su abuelo, hay una avenida con su nombre en un barrio rosarino y un aula en la Facultad de Derecho. Fue uno de los abogados administrativistas más reconocidos de la Argentina, hasta le llegaron a ofrecer la presidencia de la Corte Suprema. Hijo de Rafael Pedro Bielsa y de Lida Silvia Rosa Caldera, hermano de Rafael Antonio y de María Eugenia, casado con Laura y padre de Inés y Mercedes, Marcelo es algo así como la oveja negra de una familia tradicional.


Le gustaba mucho el fútbol, pero su madre lo hacía estudiar inglés, francés, piano... "Mis dos hijos le pagaban unas chirolas a mi hija para que tocara el piano y mi mujer, que estaba corrigiendo deberes en otro ambiente, creyera que eran ellos. Mientras, se iban por la ventana a jugar a la pelota", dice Bielsa padre, 77 años, abogado a punto de jubilarse.


A los 13 años se probó en Newells, pese al malhumor familiar. Fue su primera rebeldía. La segunda, tras recibirse de perito mercantil en un colegio de curas en 1972. Dice su papá: "Marcelo, en el examen de ingreso a la facultad, sacó 10 en Matemáticas y 3 en Castellano y con el promedio no entró a Agronomía. No quiso estudiar más. En esta casa se estudia o se trabaja, le dijo mi mujer. Y él, que no tenía ganas ni de una cosa ni de otra, se fue a la pensión de Newells. Mi señora lloraba todas las noches y lo tuve que ir a buscar". No es que siempre se haya llevado así con mamá Lida. Su vida se rige con la máxima materna: "En lo que seas tenés que ser el mejor". De la pensión lo echaron por querer que su moto Puma durmiera bajo techo, al lado de la cama.


Su pico más alto como jugador fue en 1976. Jugó el Preolímpico de Recife con la Selección y debutó en Primera de Newells. También pasó por Instituto y Argentino de Rosario. En 1979 le ofrecieron jugar en Platense, pero se dio cuenta de que debía cambiar para satisfacer su deseo de excelencia inculcado desde chico. Con Carlos Picerni, compañero en Newells e Instituto, cuando ya dirigían en las Inferiores en el 84, comenzó el curso de DT: "Lo hicimos en Granadero Baigorria. Ibamos en un Citröen de Marcelo y tardábamos como 45 minutos para ir y 45 para volver. Recién había muerto mi señora y él me indagaba mucho. Es un tipo muy indagador, pregunta y pregunta para adquirir experiencia". En la misma camada se recibieron el Gato Andrada y Lito Isabella. "Se la pasaba agarrándose con el psicólogo, se cruzaban las dos horas de clases", cuenta Isabella.


Por su tío Pancho Parola se hizo de Newells. Llevaba a sus sobrinos Rafael y Marcelo todos los domingos a la cancha. El fanatismo se multiplicó cuando se mudaron a una casa en Moreno al 2300, casi frente a la cancha. Eran famosas las discusiones que se armaban entre Pancho, los dos varones Bielsa y otro tío, el ingeniero Marcial Rafael, quien vivía en Buenos Aires y viajaba seguido a ver a Newells. Su padre no se metía. Por un lado, de fútbol no entendía mucho. Y por otro, era socio de Central.


Siempre leía revistas deportivas, lo apasionaba. Su mamá las traía, pero Marcelo tenía que hacer méritos para que se las dejaran ver. "Por esa obsesión por leer y leer es que de grande se compró un kiosco de diarios en Rosario", explica su padre. En todo viaje, si hay 20 revistas deportivas, compra 20.


Esa adicción al consumo de información cada vez se incrementa más: está suscripto a medio centenar de publicaciones deportivas de todo el mundo. A una camioneta que tenía la equipó con un televisor con videocasetera. Es capaz de analizar dos partidos al mismo tiempo, con un ojo en cada uno. Llegó a observar 32 videos distintos del Milan para refutar una afirmación a Valdano.


Los hermanos Bielsa siempre fueron unidos. Jugaban largas horas a la pelota. Una vez, en pleno duelo, Marcelo le abrió la cabeza a su hermano con una lata de duraznos, al darse cuenta de que le estaba haciendo trampa. Otras veces sobornaba a Rafael: si aceptaba jugar, se ofrecía a ordenarle la colección de libros de Las aventuras de Pelucho y Naricita.


No es tan duro como parece. Es sensible, compañero de sus hijas. Sí es obsesivo, estudioso. "Hasta el día de Año Nuevo está con esos papeles. Es un fuera de serie...", dice su papá. En su casa, el técnico de la Selección tiene una videoteca casi tan grande como la biblioteca de su abuelo. Ocupa toda una habitación. "Ahora que se mudó a dos cuadras de mi casa, lo fui a visitar un día a la tardecita para tomar fresco y me lo encontré con seis colaboradores, porque ahora contrató a cuatro más, viendo partidos de Nigeria y anotando todos los movimientos. Estaban Vivas, Torrente y cuatro más haciendo croquis. Tiene como cinco televisores. Y a veces se lleva a su gente al campo de Alcorta", agrega el padre. Esa dedicación obsesiva la heredó de su abuelo. Se desconecta. Le gusta la noche, trabajar en tranquilidad y soledad. Como uno se aislaba a escribir obras jurídicas, otro a desentrañar situaciones del fútbol. "Mi hijo es igual a mi padre. A veces cuando lo veo con tantos papeles, me pregunto si está por escribir un best seller", explica papá Rafael Pedro.


Incluso, en una oportunidad, la pediatra le dijo a su mujer que ver a su esposo el día siguiente a una derrota no era bueno para sus hijas, por la energía negativa. "Cuando pierdo, me siento inhabilitado para la felicidad por siete días", confiesa el Loco.


Se llama Marcelo por su tío Marcial Bielsa y Alberto por otro tío, por parte de la madre, que era muy querido en la familia. Les tiene miedo a los viajes en avión, había jurado no ir a Tokio si Newells ganaba la Libertadores 92. Le baja línea a su círculo íntimo para que no hable de él, se enoja con su padre cuando le vaticina resultados. El plato que lo desvive desde pibe es la milanesa con papas y huevo frito. Iba de vacaciones en familia a las sierras de Córdoba. Fue su padre el que le regaló la primera pelota. Era lo único que pedía para Reyes.


Mira con ojos desorbitados, siempre fijo. Es meticuloso, obstinado, metódico. Primero estudió el profesorado de educación física junto con su amigo Guillermo Lambertuchi, para entender la conducta del cuerpo. No le importaba la carrera en sí. Una vez recibido, se radicó en la Capital, en un departamento de un ambiente en el 7 piso de Córdoba y Maipú. Y en 1981 trabajó en el área deportiva de la UBA, en lo que fue su primera experiencia como DT. "Un día me llamó su hermano, hablamos sobre Marcelo y, al final, terminó como director de Deportes de la Universidad", recuerda Roberto Luqui, abogado amigo de la familia que en ese momento era Secretario Académico. Fue entonces que Bielsa armó una selección de facultades, después de elegir 20 jugadores entre 3.000. Ya creía entonces que la clave para jugar era la concentración. Dicen que era muy exigente en su época de DT universitario. Orden, disciplina y planificación. En sus primeros tiempos en Newells, los jugadores no entendían muy bien por qué les hacía leer todos los diarios y cortar las notas sobre Newells y sus rivales. Era para alcanzar una compenetración progresiva. En un tiro libre de un equipo suyo, según su hermano, alguien lanzará el centro, ciertos jugadores irán al destino natural de la pelota, otros irán al error del rival y un tercero, al error del compañero.


Este Bielsa es igual a aquél. La esencia se mantiene inalterable


Tan apasionado por las revistas deportivas que hasta puso puestos de diarios


En una época hacía el reparto de su propio puesto de diarios. Hoy, en cada viaje, llega y pide todas las publicaciones deportivas de la ciudad. Desde se fanatismo, compró varios kioscos de diarios en Rosario. "Es una cosa impresionante todo lo que lee", agrega su padre, Rafael .





Como jugador era un gran técnico
Bielsa tuvo una carrera futbolística sin pena ni gloria, hasta estuvo en la C. Un dos duro, que ordenaba y que, como ahora en el banco, se transformaba al jugar Nota completa



Anécdotas de locos
Anécdotas del Niño Marcelo, como lo llamaban en las inferiores
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Opinan los grandes
Pretendía aprender y saber todo. Yo planificaba el partido y él quería conocer en detalle lo que debía hacer. Preguntaba mucho
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Marcelo, sos el entrenador
Carlos Altieri es un protagonista decisivo en esta historia. “Marcelo trabajaba en la Ciudad Universitaria de Buenos Aires y un día se encontró en el centro de Rosario con Eduardo Bermúdez, que había sido su entrenador en las inferiores de Newell’s.
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Imparables después del 4 a 3
El Newell’s del Loco Bielsa llegó de la gira y se aprestaba a empezar el campeonato. Se incorporó al Negro Julio Zamora, que retornaba al club luego de tres años de ausencia, y a Ariel Boldrini, un nueve que venía de Platense.
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